SANTA HILDEGARDA DE BINGEN

PROF. AGUSTÍN SANTA CRUZ

 

Biografía

Santa HILDEGARDA, mística, visionaria, profetisa, médica, exorcista, música, virgen y monja benedictina germánica, fundadora y abadesa del monasterio de San Ruperto, había nacido en Böckelheim, cerca de Maguncia, Franconia del Oeste, Sacro Imperio Romano Germánico hacia el año 1098, siendo sus padres el noble Hildebert von BERMERSHEIM y Mechtild.

Fue criada a orillas del Nahe y el 1° de noviembre de 1106 ingresa en la ermita junto al convento de San Disibodo, Disibodenberg, bajo la orientación de la reclusa, parienta y condesa JUTTA DE SPANHEIM (+1136). De esta ermita-convento más tarde fue abadesa en 1136, y la dejó en 1147 para fundar San Ruperto; posteriormente fundará una nueva casa en Eibingen. La fundación de conventos femeninos autónomos de la incardinación masculina tendrá en Santa HILDEGARDA su pionera y paladín, y posibilitará en el siglo XIII la consolidación del movimiento denominado de las beguinas (mulieres sanctae), mujeres consagradas, no aristócratas, sin votos solemnes, que viven en comunidad y no desean depender de los conventos masculinos, ni pertenecer a ninguna orden; su primer paso era la vida comunitaria de las ermitañas, y con la evolución social y eclesial darán lugar a las congregaciones religiosas de vida activa.

Falleció Santa HILDEGARDA el 17 de septiembre de 1179, a los 82 años, en su convento de Rupertsberg, Bingen, Sacro Imperio Romano Germánico (hoy Renania-Palatinado, Alemania).

En su formación en San Disibodo, además de otros valores de una educación de alta calidad social y cristiana, según la Regla de San Benito, aprendió con los salmos a leer y escribir en un clásico latín, lo que le permitirá la redacción de toda su literatura y mantener un copioso intercambio epistolar con las mayores dignidades religiosas, pontificias e imperiales de su época.

En una exclusiva época varonil, y de estructura patriarcal, fue una de las mayores figuras femenina de la Edad Media. Fue una inusitada mezcla de administradora y visionaria, pietista y radical, poetisa y científica, profeta y dramaturga, enciclopedista y reformadora, médica y santa; aunque nunca fue administrativamente canonizada, figura en el “Martyrologium Romanum” realizado por el Cardenal e historiador italiano Cesare BARONIO (1538-1607) y aprobado en 1584 por el Papa GREGORIO XIII (1502.1585); la Iglesia la honra el 17 de septiembre.


Mística

El mundo místico de HILDEGARDA debe encuadrarse dentro del concepto que de la mística expuso y practicó el monje cisterciense SAN BERNARDO DE CLARAVAL (1091-1153), Doctor Melifluo. La concepción mística de SAN BERNARDO, quien cultivó y defendió la vida mística, está basada en la ascética, y la verdadera vía de conocimiento de Dios está en la humildad de la mortificación de sí mismo, que continúa en el amor puro a Dios y que culmina en el éxtasis místico, donde el alma se sumerge en la vida divina.

HILDEGARDA trata de lograr una síntesis entre el microcosmos y el macrocosmos integrando en su particular antropología, la salud física, el equilibro psicológico y la vida espiritual, conjugando admirablemente al arte, la ciencia y la religión para desentrañar el misterio de la vida.

Es famosa por sus visiones y éxtasis, que había comenzado a tener desde la infancia, pero que tuvo miedo de revelar hasta que llegó a edad madura; a los cuarenta y tres años consultó con su confesor, quien a su vez reportó el asunto al arzobispo de Maguncia CHRISTIAN DE BUCH, quien convocó a tal efecto a un cuerpo de teólogos que confirmaron la autenticidad de la visiones de HILDEGARDA. Buscó también el respaldo de San BERNARDO de CLARAVAL –con quien jamás se encontró personalmente, para justificar sus visiones–, a partir de lo cual se dedicó a narrar muchas de ellas e ilustrarlas; tan conocidas se hicieron que el pueblo acudía a ella en busca de consejos, sobre toda clase de asunto, incluso medicina, lo que le valió el título de “Sibila del Rhin”. Cuando en 1220 se recopilaron sus visiones apocalípticas referentes al Imperio, a la Iglesia y a la Humanidad en un libro titulado: Speculum futurorum temporum (Espejo de los tiempos futuros) se convierte en la “profetisa teutónica” del futuro.

Relata sus visiones en su obra: Scito vias Domini (Scivias, Conoce los caminos del Señor, 1141-51), que con la ayuda del monje VOLMAR expone sus 26 visiones proféticas y de forma apocalíptica sobre la Iglesia y las relaciones de Dios y el hombre en su Redención. En el primer libro relata seis visiones, en el segundo siete y en el tercero trece, y los “hilos teológicos proféticos”, se refieren a la Creación, Salvación, Verbo, Iglesia y Humanidad, y son la relación del Hombre con el Universo, la Humanidad y la Naturaleza, dentro del Plan Divino de la Salvación. Este escrito según ella lo hizo con la colaboración de Dios, lo que apesadumbró a los clérigos, pues estas revelaciones censuraba mucho la riqueza y corrupción de la Iglesia.

Sus visiones y predicciones, cargadas de simbología y profundidad teológicas, fueron ilustradas, bajo su dirección, por las monjas de su monasterio en grabados y miniaturas, de un depurado y auténtico estilo románico y de igual sencillez y colorido, donde se destaca la luminosidad del cromatismo y del verdor y las hieráticas figuras clásicas de la imaginería románica que recuerdan a los “Beatos” de la iglesia visigótica española de fines del siglo VIII; la imaginería de la Santa ha sido llamada la “Suma Teológica en imágenes”.

La mística femenina generalmente es delicada de acentos, la de HILDEGARDA es intelectualizante pero con amplio desarrollo del elemento sentimental y fantástico (el “alma symphonizans”). A través de numerosas visiones que experimentó desde su infancia, HILDEGARDA estableció una unión mística con Dios, vivencia alimentada por la contemplación, la oración y el ascetismo, que a los ojos de los contemporáneos le confiere la dignidad de una santa.

Las visiones cosmológicas, que acompaña con una explicación de su significado que según ella son reproducciones de las palabras divinas, están formadas con los elementos culturales de la época, y produjeron gran sensación en la sociedad medieval, y por estímulo de SAN BERNARDO DE CLARAVAL, fueron recomendadas por su carácter supraterrenal al papa EUGENIO III (p.1145-1153), quien las aprobó basado en el informe elevado por la comisión pontificia que envió al efecto a Disibodenberg.

Su misticismo y pasión pastoral la lleva a asumir el papel de predicadora y así recorre a caballo y en barco toda la Renania provocando innumerables conversiones con sus famosos sermones. Fue una luchadora a brazo partido contra la herejía de los cátaros, secta neomaniquea de los siglos XI al XII, que predicaban la pobreza, la austeridad, el desprecio del cuerpo, el rechazo al matrimonio, ácratas frente a las autoridades y desdeñaban los sacramentos; HILDEGARDA –psicosomática en su antropología, con su teología del matrimonio, defensora del Pontificado romano y teóloga eucarística– destruyó cualquier intento de manifestación de esta heterodoxia de los que se llamaban  a sí mismos “puros”y que ella denominó “saduceos”.

Médica

La concepción terapéutica de Santa HILDEGARDA, expuesta en su enciclopedia: Liber Simplicis Medicinae o Physica (Libro de la medicina simple) –aunque su título original es más ilustrativo: Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum (Las sutilidades de las diversas cualidades de las cosas creadas)– y en Liber Compositae Medicinae o Causae et curae (Libro de la medicina compuesta o Causas y cuidados), parte de las experiencias de la medicina popular, de la herencia de la Antigüedad y de la medicina monástica de raíz benedictina influenciada por la medicina árabe, para edificar su propia teoría sanatoria psicofísica y trascendente. Se basa en una especie de fisiología y patología del ser humano, con una tipología especial en lo femenino, que recurre a la patología humoral del médico griego Claudio GALENO (129-200) y en su concepción de la dietética. La dietética galénica (del griego diaeta: manera de vivir, régimen de vida) es más que una simple teoría de la alimentación, es una manera de vivir. El área de influencia de la dietética según él está en las seis “cosas no naturales” (res non naturales) a saber: luz y aire, comida y bebida, movimiento y reposo, sueño y vigilia, metabolismo y emoción, son las que sirven para la salud y para la prevención de la enfermedad.

En 1150 Santa HILDEGARDA escribió en alemán y latín sus obras de ciencias naturales: Physica y Causae et curae, en donde conjuga sus observaciones personales con toda la herencia de medicina monacal benedictina; investiga el uso terapéutico de las plantas y de las piedras (gemología) y la práctica monacal de la farmacopea y de la particular asistencia a los enfermos; en dichos tratados refleja una alta cualidad de observación científica muy rara para la época, máxime en una mujer de su tiempo.

Su concepción antropológica está basada en el entendimiento que el ser humano es un microcosmos que sintetiza el macrocosmos de la Creación, y la curación por acción de la naturaleza es parte del Plan Divino de Salvación. Todos los factores que participan en la enfermedad (patogénesis) los considera como consecuencias del pecado. Las dolencias físicas y mentales son para ella el resultado de infringir los mandamientos divinos. La enfermedad se basa en la interacción psíquica del organismo. Las afecciones físicas pueden desencadenar enfermedades mentales, y a la inversa, los defectos psíquicos son capaces de causar daños orgánicos.

Practicó los distintos modos de la medicina monástica, así como la aplicación de las manos y oraciones, el agua bendita, las reliquias y el exorcismo. En la obra científico-médica Physica, fiel a la herencia de la farmacopea benedictina, describe más de 2.000 remedios y sugerencias, su administración, preparación y modo de actuar, que sin violentar los tiempos es un anticipo de la homeopatía. Junto a los obtenidos de minerales y animales, los remedios de origen vegetal, con cerca de 300 especies, ocupan gran parte del texto. Su recetario para distintos achaques tiene más de 500 sugerencias, que van a la par de sus recetas culinarias domésticas. Cabe destacar su terapia a base de metales y piedras preciosas. El diamante actúa “contra las arañas y el veneno de serpientes, contra la epilepsia y el sonambulismo, protege la casa contra los ladrones y confiere a sus portadores habilidad, entendimiento y sabiduría al hablar”. Sus cuatro libros sobre animales, dos sobre hierbas y árboles, tres sobre piedras preciosas y metales, todos tienen un papel directo en la medicina popular y en la salud y ponen en evidencia su respeto por la naturaleza que la hacen una precursora de la ecología.

Sin embargo para la abadesa, con su concepción holística de la salud y precursora de la medicina psicosomática, la utilización de estos remedios no es determinante para la buena salud de la persona. La recuperación sólo se consigue con la colaboración de toda la persona. El objetivo es restaurar un modo de vida ordenado y comedido (dietética), algo que no se logra con medicamentos. Pero en última instancia la curación depende de la voluntad de Dios.

Exorcista

Santa HILDEGARDA en su Liber Vitae Meritorum (Libro de los méritos de la vida o de la Retribución del bien y del mal) que escribe entre 1158 y 1163, y en el Liber Divinorum Operum Simplicis Hominis (Libro de las Obras Divinas) escrito entre 1163 y 1173, resume los principios de psicoterapia en la dramatización de la lucha entre los vicios y las virtudes contrapuestas, con sus correspondientes recomendaciones superadoras; esta teoría la pondrá en práctica en 1169 cuando encara el caso de SIGEWIZA, la joven noble oriunda del Bajo Rhin, asediada por el demonio quien padecía una grave y peligrosa obsesión diabólica. La intervención de la Abadesa es a solicitud de GEDOLPHUS, Abad de Brauweiler, y primero a distancia encara con su carisma especial una ceremonia terapéutica, donde describe con lujo de detalles a los protagonistas, las penitencias, ayunos, limosnas y actos religiosos previos, el orden dramático de la liturgia del “exorcismo” cargada de simbolismos, y la profunda significación del poder de la palabra. Al fallar la terapia a distancia, y ante la exigencia de la presencia física de la Abadesa, consigue la cura de SIGEWIZA, que se efectiviza el Sábado Santo, en el convento de Ruperstberg, por la acción de su carisma, por la empatía en la convivencia misericordiosa junto a sus monjas y la participación en penitencias y oraciones de la comunidad religiosa y de los vecinos.

Música

La teoría de la música litúrgica la explicita en la célebre Epistola XLIII del Liber Epistolarum de la Patrologia Latina (Migne 197); en Symphonia Armonie Celestium Revelationum (Música armoniosa de los misterios celestiales), están recopiladas las hermosas melodías religiosas de las que es autora; son 77 piezas y una cantata titulada Ordo Virtutum, drama litúrgico-moral, que se originan en el rezo coral benedictino de la Liturgia de las Horas.

HILDEGARDA, según ella, nunca estudió ni neumas ni canto, declaración que sólo se considera como un rasgo de su humildad; sus melodías no sólo tienen una escritura gregoriana, sino que están directamente emparentadas con el canto gregoriano de la segunda época. El valor del canto litúrgico, como la forma más excelsa de oración, le sirvió como argumento de teología de la música y de derecho canónico para conseguir que el Capítulo de Maguncia le levantara la interdicción que padeció por un año y que fue confirmada por CHRISTIAN DE BUCH, arzobispo de Maguncia, primer elector y archicanciller del Sacro Imperio, luego de la Paz de Venecia entre el Papado y el Imperio.

Ora et labora

El lema de San Benito que reivindica la cultura del trabajo es seguido al pie de la letra por Santa HILDEGARDA, y planifica el trabajo de las abadías en el huerto alimenticio y medicinal, en los talleres de costura comunitaria, ornamentos eclesiásticos y para los pobres, en la imaginería artesanal, en la cocina con recetarios propios, en la farmacia con su original farmacopea y en la clásica tarea bibliotecaria monacal de la copia de libros y códices.

El Císter y la arquitectura

Particular influencia en la cosmovisión de Santa HILDEGARDA tiene la concepción arquitectónica cisterciense. El ascetismo y la pobreza que los monjes practicaban en su vida diaria constituían el espíritu del Císter, que la arquitectura debía reflejar (toda arquitectura revela una cultura o una ética), favoreciendo a su vez el desarrollo de una vida monacal todavía más próxima a la perfección (toda arquitectura está, pues, sancionada por el uso). La simplicidad fue la palabra clave de la arquitectura cisterciense.

En arquitectura pobreza puede significar elementos precarios; más bien se debe hablar de desnudez. El espíritu del Císter es eliminar toda ostentación y lo “vano superfluo”, adoptar siempre la solución más simple. Nada debía desviar la vista y el espíritu de la idea de Dios (espíritu del arte románico y del canto gregoriano). San BERNARDO hace referencia a la Ciudad Santa (la Jerusalén celestial), que era cuadrangular, tenía la misma medida de largo que de ancho (Apoc. 21, 16). El cuadrado simboliza la estabilidad de la perfección como en el caso de la Jerusalén celestial, idea estético lumínico-simbólica que evoca HILDEGARDA en la secuencia “O Jerusalem”. La iglesia cisterciense se inscribe en una serie de cuadrados organizados según una relación entre la longitud de la nave y la anchura del transepto; todas las construcciones cistercienses respetarán esta regla de oro. Las construcciones cistercienses están trazadas “as quadratum”, y ofrecen analogías con las medidas del microcosmos, de decir, del hombre, según santa HILDEGARDA. El hombre hildegardiano, con los pies juntos y los brazos extendidos, tiene cinco medidas iguales en sentidos longitudinal y latitudinal; las dimensiones precisadas en el sentido longitudinal y de la anchura se presentan por cuadrados. Cualquiera sea la relación, lo que importa es la aproximación evidente entre ese cuadrado arquitectónico y el cuadrado simbólico de la Ciudad según el Apocalipsis, el del cosmos de la tradición esotérica y también el del “hombre cuadrado” de HILDEGARDA, ya que toda la espiritualidad se inscribe a modo de símbolo en esas formas cuadradas de la estabilidad, de una estabilidad que debe interiorizarse.

En la austeridad de la imaginería y los adornos no siguió las costumbres del Cister; sus monjas usaban los largos cabellos sueltos, vestían largos velos de seda que caían hasta el piso y se adornaban de coronas, diademas y anillos de oro; HILDEGARDA sostenía que sólo las mujeres casadas debían vestir con recato.

Epistolario

La profusa correspondencia relacionada con las profecías de la Santa y su tratamiento alegórico tuvieron como destinatarios, entre las 300 cartas autentificadas, a los más prestigiosos religiosos de la época, entre ellos por supuesto, a San BERNARDO DE CLARAVAL, a los papas EUGENIO III (p.1145-1153), ANASTASIO IV (1153-1154), ADRIANO IV (1154-1159) y ALEJANDRO III (1159-1181) y a los Emperadores del Imperio Sacro Romano Germánico CONRADO III (1093-1152) y FEDERICO I (1123-1190), Barbarroja. En esta correspondencia utiliza un tono de imperiosa autoridad y en prosa latina de fuerza viril.

Reconocimiento pontificio

En 1979 en oportunidad del 800 aniversario de su fallecimiento el Sumo Pontífice JUAN PABLO II (Karol Woytila) (1920-) dijo: “Enriquecida con peculiares dones sobrenaturales desde su tierna edad, Santa HILDEGARDA profundizó en los secretos de la teología, medicina, música y otras artes, y escribió abundantemente sobre ellas, poniendo de manifiesto la unión entre la Redención y el Hombre”.

 

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